Óleo   1,62 x 1,24 m. 

 

Esperando a Venus

Lilas perfumadas en satén blanco

 de mares lejanos en este año

 trae consigo mi esperado sueño

 el rojo abedul del lejano barco.

 

Olas reflejan púrpuras estrellas

que son llanto de flores bellas

de infieles amores… tras de ellas

 dejaron recuerdos y sus querellas.

 

Encantos de crepé marchito

 suspira al pasar mi manto

 la brisa, y de tu aliento

 la bruma fragante del viento.

  

Qué firmamento miras negras perlas

 en una nube de varias noches solas,

 si yo estoy aquí tras esas velas

 que dejaste llorando con sus candelas.

  

Sabrán que existes en los montes altos

como los cisnes en los profundos lagos,

 sabrán que eres música de himnos

 vírgenes en los oídos más puros.

 

Tardes melancólicas he vivido

 solo… cuán tardes felices contigo,

 y no me acostumbro sin mi pasado,

 pero ya llega el fin del castigo.

  

Por eso hay algo en mí que se alegra,

 he sentido al corazón hablar al alma

 en espacio en que mi mente te jugaba

 a la diana de mirlos en mi ventana.

  

Mármoles tallados del sol en su puesta

semejan tu pelo briscado, con cinta

 zafiro turquesa, que en la puerta

 algún Dios te dejó como afrenta.

 

Si supieran cuánto nos amábamos,

 como las mariposas a los prados

 

y de los vientos los campos, éramos

 dos gotas de miel en los océanos.

  

Faltan Dioses en el Olimpo

 y príncipe en el castillo

donde duerme tu bello  cuerpo

 sobre tela de damasco amarillo.

  

Eres gacela bañada en orquídeas

 de piel suave como las sedas,

 escarcha china de pupilas negras

 que miras amantes de almas vacías.

 

Y si no vienes en aquel barco,

 qué será de mí y de aquel manto,

 de himnos, mariposas y del prado.

  

 Y si no vienes…

Me iré… marcando cruces sin llanto.

 Y si no vienes…

 

Qué será de mi…Dios mío… qué será de mí.